Historia de Cuba

… nada hay más justo (…) que dejar en punto de verdad las cosas de la Historia. José Martí


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Marina de Guerra de Cuba


La Marina de Guerra de Cuba tuvo su origen en el Servicio de Guardacostas, creado en el año de 1899 por el Gobierno norteamericano al terminar la guerra con España. A lo largo de su existencia y hasta 1958 recibió las siguientes denominaciones oficiales:
1909 – Marina Nacional
1915 – Marina de Guerra Nacional
1926 – Marina de Guerra
1934 – Marina de Guerra Constitucional
1942 – Marina de Guerra
Formación de la Marina de Guerra de Cuba
Formaron parte de este primitivo Servicio de Guardacostas algunos de los pequeños cañoneros dejados por el Gobierno español y cinco buques traídos por el Gobierno de Estados Unidos, buques que por su costo y consumo dieron excelentes resultados, si bien no respondían a cubrir las extensas costas de la Isla.

Crucero Cuba

El servicio dependía del Administrador General de las Aduanas de Cuba y su personal de oficiales se cubrió con pilotos y capitanes de la Marina Mercante, y treinta plazas, con oficiales retirados de la Marina de Guerra de de Estados Unidos.

En 1902, ya establecida la República de Cuba, el Servicio de Guardacostas pasó a la Secretaría de Hacienda, donde en la Sección de Aduanas se creó un Negociado de Guardacostas.
Desde 1902 a 1906 se adquirieron nuevos buques y se mejoró el personal. El Servicio de Guardacostas fue considerado como un cuerpo de Policía Marítima, y se empezó a militarizar el servicio. En este período se adquirieron los buques Baire, 20 de Mayo, Yara y Enrique Villuendas.
En 1906, a consecuencia de la revolución del mes de agosto, se estableció un Gobierno de Ocupación. En esta época se adquirió el cañonero Hatuey.
Crucero Patria buque escuela de la Marina de Guerra de Cuba

En 1909, al ser electo en las elecciones generales Presidente de la República el General José Miguel Gómez, éste recomendó al Congreso, que lo aprobó, un proyecto de ley por el cual el Cuerpo de Guardacostas pasaba a ser Marina Nacional, es decir, se le dio a éste el carácter de Fuerzas de Mar de la República, de acuerdo con la Carta Fundamental. En 1911, el Presidente Gómez recomendó al Congreso un proyecto dé adquisición de buques. El Congreso aprobó el proyecto y fueron construidos los buques Cuba, Patria, 24 de Febrero, “10 de Octubre”, Pinar del Río, Habana, Matanzas y Las Villas.

También fue creada la Jefatura de la Marina de Guerra y se reorganizó la Escuela de Náutica en La Habana. El Patria fue designado como buque escuela, se militarizó el servicio, se exigieron pruebas intelectuales al personal de oficiales que estaba en servicio, y los nuevos ingresos se verificaron por oposición entre jóvenes pilotos procedentes de la Marina Mercante. Más tarde fue instaurada la Academia Naval.
La Marina de Guerra de Cuba en la Primera Guerra Mundial
En abril de 1917 fue declarada la guerra al imperio alemán. La República fue a esta guerra en cumplimiento de su Tratado Permanente de amistad con los Estados Unidos. El problema de guerra, primero que se le presentaba a la República estaba circunscrito en el mar. Por tanto la Marina de Guerra fue, por tanto, el eje de todas las operaciones que la República debía emprender. La armada de Cuba realizó una labor tan eficiente durante el conflicto que el Congreso de Estados Unidos la felicitó a través del Secretario de Estado Lansing.
En un intercambio de ideas y sugestiones entre el Mando Naval de Estados Unidos y el de la República de Cuba, se asignó a la Marina de Guerra de la Isla la tarea de garantizar la seguridad de la navegación mercante desde los puertos principales de embarques de azúcar hasta alta mar, donde los buques podían unirse a convoyes previamente organizados. La Marina cubana así lo hizo y durante la Primera Guerra Mundial  se convoyaron 640 buques de naciones aliadas y 93 de naciones neutrales. Además, a principios de 1918, fue necesario enviar dos buques a aguas de Key West, con la misión de cooperar con las fuerzas norteamericanas de patrulla en el Atlántico, a fin de evitar la posible incursión de submarinos alemanes en aguas de la Florida.
A pesar de los servicios y de la cooperación cubana durante la Primera Guerra Mundial, en dicho período y desde el año 1911, no se adquirieron buques de importancia. Sólo se recibieron de los Estados Unidos cuatro cazasubmarinos.
La Marina de Guerra de Cuba en la Segunda Guerra Mundial
Fragata Antonio Maceo entrando a la bahía de La Habana

Durante la Segunda Guerra Mundial las unidades de la pequeña Marina de Guerra de Cuba navegaron 399 755 millas protegiendo convoyes y sólo perdieron el 0.19 % de los buques por ella protegidos, un récord que sólo la Marina de Guerra de Brasil pudo superar.

Para el cumplimiento de esta misión, gran parte del personal de la Marina fue enviado a distintas escuelas y centros de entrenamiento de los Estados Unidos para recibir instrucción que los capacitara técnicamente en los últimos adelantos de la guerra antisubmarina. En ese empeño se obtuvieron los mejores resultados, ya que oficiales y alistados recibieron por igual los mejores elogios de los profesores asignados.
Es de notar que la Aviación Naval contribuyó activamente a la prestación de estos servicios, ya que la misma fue de gran auxilio en el convoyaje y protección de la navegación aliada en las aguas cercanas a Cuba.
Durante el conflicto contienda, el cazasubmarinos número 13, de la Armada nacional, hundió, en aguas cubanas, al sumergible alemán U – 176, hecho confirmado oficialmente por Washington, una vez terminada la contienda, motivo por el cual fue condecorada toda su tripulación, asistiendo expresamente a dicha ceremonia un contraalmirante norteamericano. La ceremonia de condecoración se efectuó en el Polígono del Arsenal de Casa Blanca.
Durante la Segunda Guerra Mundial, y a virtud de la Ley de Préstamos y Arriendos del Gobierno Estadounidense, Cuba adquirió nuevas unidades navales, las cuales se prestaron servicio durante toda la República.
Posteriormente se adquirieron, para la Marina de Guerra, distintas unidades, tales como fragatas, buques de rescate y salvamento (remolcadores), buques de patrulla y escolta y cazasubmarinos.
Misiones de la Marina de Guerra de Cuba
Los servicios esenciales encomendados a la Marina de Guerra en tiempos de paz incluían: vigilancia y protección de las costas para evitar contrabando, lo que se tradujo en un positivo aumento de los ingresos aduanales; fiscalización del cumplimiento de las leyes de pesca, aprovechamientos forestales, explotación de arenas, etc.; rescate y salvamento en casos de accidentes marítimos y aéreos, en cumplimiento de convenios internacionales suscritos por la República; auxilio a la navegación, que incluía conservación, mantenimiento y nuevas instalaciones de alumbrado de costas, como faros, boyas, balizas, etcétera; servicio hidrográfico que proporcionaba, además del mejor conocimiento y atención de nuestras costas y aguas adyacentes, el intercambio de los conocimientos de esta disciplina con otras naciones marítimas del mundo; el servicio meteorológico, que no sólo nos permitía la predicción del tiempo y ayuda a la navegación, sino además la mayor defensa contra los huracanes, tan frecuentes en estas Antillas. La Marina, además, tenía a su cargo las Capitanías de Puerto de la República, Policía Marítima y expedición de títulos para Marinos Mercantes.
Academia Naval del Mariel
Una de las dependencias de la Marina que verdaderamente honraba al país era la Academia Naval. En el puerto de Mariel y en lo alto de la Loma del Vigía, se alzaba el edificio de la Academia Naval. En él recaían su instrucción técnica los jóvenes guardias marinas que ingresaban, tras reñidas oposiciones y previa información de buena conducta y de antecedentes físicos y morales excelentes, en el centro máximo de aprendizaje de la Armada de Cuba.
Después de cursar sus estudios y de realizar las prácticas correspondientes, eran graduados los jóvenes guardias marinas y pasaban a los buques con el grado de alférez de fragata.
La Academia Naval se inauguró el año de 1916, siendo Jefe de Estado Mayor el Capitán de Navío Julio Morales Coello y Secretario de Gobernación el Coronel Aurelio Hevia. No sólo la Academia Naval atendía a los cursos regulares de guardias marinas, sino que, normalmente, se desarrollan en la misma Cursos Especiales de Perfeccionamiento para Oficiales, lo que contribuía a mantener al día a los oficiales de la Marina de Guerra, en los conocimientos variados y complejos de la carrera naval.
Bibliografía consultada:
Libro de Cuba. La Habana. 1953.
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Ministerio de Estado – Órganos de la República de Cuba


Exponer, aunque sea someramente, la historia diplomática de Cuba en más de medio siglo de República, resulta casi labor imposible de realizar, si se desea recoger los acontecimientos más sobresalientes registrados en las relaciones internacionales de Cuba y destacar los lineamientos generales de una política que, en el transcurso de los años, fue perfilándose y adquiriendo caracteres muy propios dentro del concierto de las naciones.
Cuba, en su más de medio siglo de existencia republicana, logró conquistar una posición cimera en el mundo democrático, por haber ajustado siempre su política internacional a las más estrictas normas del Derecho, y defendido en todo momento el derecho de los pueblos a la libre determinación, sin presiones externas y en un plano de igualdad absoluta.
El período de los gobiernos revolucionarios – de la era heroica en que los cubanos lucharon por la independencia patria – marcó ya, desde aquel entonces, una proyección firmísima de lo que, al devenir de los años, habrían de ser normas y postulados internacionales de la República de Cuba en el orden internacional.

El tránsito intervencionista, desde la terminación de la Guerra Hispano – Cubano – Norteamericana, que culminó con la instauración de la República, el 20 de mayo de 1902, preparó los cimientos para un ordenamiento de la política internacional cubana.
La Orden Militar de 1ro de enero de 1900, firmada por el general Adna R. Chaffee como Brigadier General, Jefe de Estado Mayor del Cuartel General establecido por la ocupación norteamericana, disponía la administración del Gobierno Civil en este país por medio de seis Secretarías, cada una a cargo de su secretario correspondiente.
Conforme a esa Orden Militar, dictada – según se expresa en la misma – para mejorar la organización de los servicios civiles de Cuba, quedaban establecidas las Secretarías de Estado y Gobernación; Hacienda; Justicia, Agricultura, Comercio e Industria; Instrucción Pública y Obras Públicas.
La Secretaría de Estado y Gobernación fue encomendada ulteriormente al señor Diego Tamayo y Figueredo.
Este Departamento tuvo desde entonces las delicadas funciones de acoplar las relaciones exteriores e internas de Cuba a la nueva situación creada por el cese de la soberanía española, y de resolver los casos que en el orden de la política internacional comenzaban a presentársele al gobierno provisional interventor.
Al hacer entrega el general Leonardo Wood, por disposición del Presidente de los Estados Unidos de América, señor Teodoro Roosevelt, con fecha 20 de mayo de 1902, del gobierno y mando de la Isla de Cuba, al primer Presidente de la novel República, Don Tomás Estrada Palma, se expresó en el documento de traspaso “que la ocupación de Cuba había cesado y el Gobierno Militar había terminado”.
Esta transferencia de Gobierno llevaba implícita, como expresa condición, el reconocimiento de todas las obligaciones contraídas por los Estados Unidos de América respecto de Cuba, a virtud del Tratado celebrado entre los Estados Unidos y la Reina Regente de España, y que fuera firmado en París, el diez de diciembre de 1898.
Este fue el primer compromiso internacional contraído por la naciente República de Cuba, y de allí partió prácticamente la cadena de arreglos, tratados y convenios internacionales – tanto bilaterales como multilaterales – que fueron formando el cuerpo de la política exterior de Cuba.
En el propio documento de transferencia de Gobierno y Mando de la Isla de Cuba, el Presidente de los Estados Unidos expresaba que los Estados Unidos tienen entendido que el Gobierno actual de Isla de Pinos continuaría como un Gobierno “de facto”, a reserva de resolver el dominio de dicha Isla mediante un Tratado, con arreglo a la Constitución cubana y al mandato de la Ley de los Estados Unidos.
El primer Presidente de la República de Cuba Don Tomás Estrada Palma declaró, al tomar el poder, que el Gobierno de la República asumía todas y cada una de las obligaciones que se impuso respecto a Cuba el Gobierno de los Estados Unidos por virtud del Tratado de París, obligándose así la República a este compromiso internacional.
Una de las primeras decisiones del nuevo gobernante fue, en aquel entonces, la designación del hombre que debía regir los destinos de las relaciones internacionales de la República, nombrándose Secretario de Estado y Justicia (pues ya había sido elevada a Secretaría independiente la de Gobernación o asuntos interiores) al ilustre cubano Don arlos de Zaldo y Beurmann.
Aunque éste inició sus actividades públicas dentro del Autonomismo, se inclinó en 1892 a relacionarse con el grupo de los que tendían a la Revolución. Se vio obligado a emigrar debido a sus actividades contra la Metrópoli e ingresó poco después en la Junta Revolucionaria de Nueva York, colaborando muy estrechamente con Tomás Estrada Palma.
Posesionado de la cartera de Estado y Justicia, Carlos de Zaldo dictó, con fecha 31 de mayo de 1902, el decreto presidencial número 22, dejando organizado el Departamento de Estado. Este era formado sólo por un director, tres jefes de Negociados, un traductor, dos oficiales de administración, tres oficiales (sin clasificación), dos oficiales pendolistas, cinco auxiliares, un portero, dos ordenanzas y tres mozos de limpieza.
Carlos de Zaldo negoció los Tratados Permanentes y de las estaciones carboneras y navales que, según el artículo VII de la Ley del Congreso aprobada el 2 de marzo de 1901 y el artículo VII del Apéndice a la Constitución de la República de Cuba promulgada el 20 de mayo de 1902, dispuso que: “para poner en condiciones a los Estados Unidos de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los Estados Unidos”.
Por este Tratado se cedieron a Norteamérica las tierras comprendidas en la zona de Guantánamo, donde se halla actualmente la base naval de Estados Unidos.
Con fecha 2 de julio de 1903 se concertó otro Convenio entre Cuba y los Estados Unidos, reglamentando el arrendamiento dé las Estaciones Navales y Carboneras, hecho en febrero del propio año.
También tomó parte Carlos de Zaldo en las negociaciones para el empréstito de 35 millones de pesos que fue emitido por conducto de la firma de Speyer y Co., presentando su renuncia en junio de 1904, por mostrarse inconforme con distintas leyes promulgadas.
Durante este periodo fue dictada la Resolución de fecha 4 de agosto de 1903, disponiendo que la dirección cablegráfica del Departamento de Estado sería “Sesto-Habana”.
En esta primera fase de las relaciones exteriores de Cuba, aparecían sólo tres Legaciones: una en los Estados Unidos; otra en España y otra en México; un Consulado General en Alemania y Consulados en Bélgica, Francia, Guatemala, Italia, Venezuela y Uruguay.
La política internacional de Cuba cobró nuevos bríos y orientaciones más precisas con el advenimiento a la Secretaría de Estado de Manuel Sanguily y Garritte, después de haber pasado por esta posición cubanos dignísimos como Carlos E. Ortiz Coffigny, Juan Francisco O’Farrill y Chapottin y Justo García Vélez.
Manuel Sanguily y Garritte tomó posesión de la cartera de Estado el día 22 de enero de 1910, nombrado por el Gobierno liberal del general José Miguel Gómez.
En el desempeño de su cargo, Manuel Sanguily .tuvo que afrontar situaciones muy difíciles para Cuba, de orden exterior, derivadas algunas de ellas del movimiento veteranista opuesto a que ocuparan cargos públicos los desafectos a la independencia de la República; de la denominada reclamación tripartita, por daños causados con motivo de la guerra a súbditos de Inglaterra, Francia y Alemania; y del alzamiento de los Independientes de Color en 1912.
En enero de 1914 ocupó la Secretaría de Estado Pablo Desvemine y Galdós, decidido partidario de la libre emisión del pensamiento; por cuyo derecho mantuvo intensas campañas, realizando estudios sobre esta materia, que le ganaron renombre internacional.
Fue sustituido en mayo de 1921 por Rafael Montoro y Valdés, figura destacada de la política cubana, que tanto contribuyó a la aprobación del tratado comercial entre Cuba y la Gran Bretaña, así como de otros arreglos internacionales que beneficiaron notablemente las relaciones comerciales con países de América y Europa.
El doctor Carlos Manuel de Céspedes asumió la Secretaría de Estado el 17 de junio de 1922. A partir de esta fecha intensificó notablemente las relaciones exteriores del país, poniendo en ejecución todos los conocimientos que su amplia labor diplomática en el exterior le había permitido obtener. A Céspedes se le atribuyó una participación directa y esencial en el inicio de las negociaciones para concertar el Tratado Comercial entre Cuba y España, que resultaron un éxito definitivo.
Cupo a Don Rafael Martínez Ortiz presidir, como Secretario de Estado, la Conferencia Panamericana de 1928, así como atender todo lo relacionado con la visita hecha a Cuba por el Presidente de los Estados Unidos Mr. Calvin Coolidge.
Durante su mandato – de noviembre de 1926 a diciembre de 1930 – se registraron en la República importantes eventos internacionales, firmándose además tratados con España y Francia.
De diciembre de 1930 a abril de 1931, en que ocupó la Secretaría de Estado el doctor Francisco María Fernández, fueron firmados importantes convenios internacionales, entre éstos el de bultos postales con Alemania; el radiotelegráfico con México; el de extradición y consular con Panamá; el de extradición ítalo – cubano; el comercial con Francia, muy favorable al azúcar y tabaco de Cuba; el de extradición con el Brasil, y varios con España, Portugal, Chile, China y otros países.
Le sustituyó en el cargo de Secretario el doctor José Clemente Vivanco, que permaneció hasta abril de 1932, cuando fué a su vez sustituido por el doctor Orestes Ferrara.
El 12 de agosto de 1933, al caer el régimen de Machado asumió la cartera de Estado, en difíciles momentos para la República, un diplomático de vasta experiencia y grandes méritos: Manuel Márquez Sterling, cuya gestión en México, como representante diplomático, diera gloria a Cuba al realizar ingentes esfuerzos para salvarles la vida al presidente de esa República hermana, Francisco Madero, y al vicepresidente Pino Suárez, víctimas, al fin, de la revolución azteca.
Fue designado nuevamente Secretario de Estado por el entonces Presidente de la República, doctor Ramón Grau San Martín, en enero de 1934; tomando posesión del cargo de manos del doctor Almagro, que lo desempeñaba interinamente, y haciéndole frente a la situación creada en Cuba al dejar la presidencia el doctor Grau San Martín y dimitir también su sustituto el ingeniero Carlos Hevia.
Márquez Sterling se encargó del Poder Ejecutivo interinamente, en esta ocasión, no como Presidente, sino como Secretario de Estado.
Convocada la Junta de Sectores, se acordó designar Presidente al coronel Carlos Mendieta. Dos días después, Manuel Márquez Sterling cesó como Secretario de Estado, reintegrándose a su cargo de embajador en Washington. Meses más tarde, firmaba a nombre de Cuba el Tratado abrogatorio de la Enmienda Platt. Ocupaba entonces la Secretaria de Estado el coronel Cosme de la Torriente, a cuya gestión también se debió el éxito total de estas negociaciones.
Sucesivamente ocuparon la cartera de Estado los doctores José A. Barnet (que luego fue Presidente provisional de Cuba), José Manuel Cortina, el general Rafael Montalvo, Juan J. Remos, Miguel A. Campa, José A. Martínez-Viademonte, Emeterio S. Santovenia, etc.
Puede afirmarse, sin hipérbole, que las relaciones exteriores de Cuba y su política internacional cobraron nuevo sentido y tónica más firme y decisiva a partir de 1933, en que Cuba reformó toda su arquitectura interior y exterior, buscando en el concierto de las naciones la posición justa que debía ocupar.
Las nuevas proyecciones – dentro de las doctrinas que eran básicas y fundamentales en las relaciones exteriores – cobraron fuerza con el advenimiento del “Autenticismo” al Poder.
Si bien en 1941 se consolidó la posición económica de Cuba al firmarse un Convenio Suplementario al de Reciprocidad Comercial de 1934, modificado por el Convenio de diciembre 18 de 1939 con los Estados Unidos, manteniéndose el criterio del doctor José M. Cortina de que la América debe coordinar su comercio de acuerdo con los derechos naturales de producción de cada zona geográfica; no es menos cierto que esta política proteccionista a los intereses de la República no tuvo su justa aplicación hasta el advenimiento del “Autenticismo”, que viabilizo nuevas fórmulas de relaciones internacionales.
Bajó la rectoría del doctor Martínez Viademonte en la Secretaría de Estado, se firmaron el Convenio de Cooperación Militar y Naval con los Estados Unidos, Tratado de Amistad con China, el Convenio Postal sobre Radiocomunicaciones con la República de Colombia, Tratado de Cooperación Militar y Naval con México y Tratado de Comercio con Chile.
Durante este período se reconoció a la URSS, estableciéndose relaciones con su gobierno, y se decretó el rompimiento de relaciones diplomáticas con el gobierno de Vichy a raíz de la ocupación del territorio francés por Alemania.
Le sucedió en el cargo de Secretario el doctor Emeterio S. Santovenia y Echaide, quien logró reorganizar notablemente el Servicio Exterior de Cuba, así como firmar el Convenio de Pagos con España, de trascendente importancia para la economía cubana, ya que descongeló los créditos cubanos y restableció las relaciones comerciales entre ambos países.
A iniciativa suya, también se reglamentó la entrega de las Cartas de Ciudadanía, transformando este hecho, sencillo hasta entonces, en solemne ceremonia; cómo lo debe ser la adquisición de una nueva ciudadanía por extranjeros que se asimilan a la vida republicana de nuestro país.
Ya en estos momentos, aquel pequeño departamento que en 1904 se denominaba Secretaría de Estado y sólo tenía una Dirección, con los Negociados de Cancillería y Asuntos Políticos, Asuntos Contenciosos, Asuntos Comerciales, Asuntos Consulares, Contabilidad, Interpretación de Lenguas, y de Personal y Bienes, se transformó en un amplio departamento llamado Ministerio de Estado, y el Servicio Exterior cubano cobró la importancia que por la índole de las funciones encomendadas requería.
Contaba en 1943 el Ministerio de Estado (la denominación de Secretaría fue modificada por precepto constitucional, al promulgarse la Carta Magna de 1940) con: una Dirección del Protocolo; otra de Relaciones Culturales, que contaba con la Sección de Archivo Diplomático y Biblioteca; el Negociado de Biblioteca; el Negociado de Información y Publicidad y el Negociado del Boletín Oficial; una Dirección Política con los Negociados de Cancillería y Archivo de Tratados; de Legalización de Firmas; Servicio de Valijas; Oficina de Conexión con las Instituciones Internacionales; Negociado de Asuntos Contenciosos y Judiciales; Negociado de Asuntos Políticos de Europa, Asia, África y Oceanía; Negociado de Correspondencia Confidencial y Cifra; Dirección de Asuntos Generales; Negociado de Archivo y Canje Internacional; Negociado de Registro General de Correspondencia; Negociado de Interpretación de Lenguas; Oficina Panamericana; Dirección de Ciudadanía y Migración; Consultaría Diplomática; Oficina de Personal, Bienes y Pagos; Negociado de Personal; de Pagaduría y Material; Oficina de Visas; Oficina de Visas Diplomáticas; Oficina de Medallas a los Veteranos de la Guerra Hispano Cubano Norteamericana; Oficina de Control, etc.
Un somero estudio de la política internacional cubana seguida a partir del año 1933, permite afirmar que Cuba ocupó en el concierto de las naciones civilizadas planos destacadísimos que consolidaron el prestigio internacional de que siempre gozó nuestra República.
Al iniciarse el gobierno del Presidente doctor Ramón Grau San Martín en octubre de 1944, la Cancillería cubana preveía ya la terminación de la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de orientar la política internacional hacia la formación de una conciencia de paz, capaz de asimilar el país a la etapa de la postguerra, tanto en el orden político como económico y social.
Al efecto, las principales oficinas del Departamento de Estado cubano se dedicaron a estudiar el “aporte de Cuba a la paz mundial”, recomendando las medidas más adecuadas a los intereses de la democracia.
Ya nuestros delegados habían concurrido a la Reunión de Chapultepec, en México, e informado sobre nuestra posición ante el grave conflicto mundial y los fenómenos de la postguerra.
Cuba, para vigorizar sus nexos con las naciones tradicionalmente amigas, recpnoció los gobiernos de Italia y Guatemala, dando un paso de avance a favor de la futura confraternidad de las naciones.
El nuevo “status” que había de darse a las derrotadas potencias del Eje, los Tratados de Paz que habrían de suscribirse y el eficaz funcionamiento de la Organización Internacional (ONU) creada para sustituir a la extinguida Liga o Sociedad de las Naciones, fueron temas de especial interés para la Cancillería cubana.
En la Conferencia de Paz de las Naciones Unidas celebrada en París, para tratar sobre la paz con Italia, Rumania, Bulgaria, Hungría y Finlandia, Cuba consignó su protesta contra el hecho de que no participasen en esa reunión todos los firmantes de la Declaración de las Naciones Unidas, de 1ro de enero de 1942, por estimar que constituía una violación de los compromisos contraídos respecto a no hacer la paz o armisticio por separado con el enemigo.
Nuestro Gobierno mantuvo en este sentido el criterio de que las reuniones internacionales deben desenvolverse sobre la base de igualdad de derechos de todos los Estados.
Abundando en estas razones, Cuba había combatido desde el primer momento el llamado derecho al veto y, oportunamente, hubo de solicitar de las Naciones Unidas una reunión especial en que pudiera tratarse de la supresión del veto, conferido a las Grandes Potencias. En las reuniones de San Francisco y Londres, ya nuestros delegados se habían pronunciado contra el veto, ratificando así Cuba su actitud de mantener el principio de igualdad entre los Estados en las relaciones internacionales y la defensa de la soberanía de las pequeñas nacionalidades.
Un gran éxito de la diplomacia cubana fue, en el año 1946, la concesión, por los Estados Unidos a Cuba, del traspaso de las bases militares y Navales construidas en territorio cubano con la cooperación del Gobierno norteamericano, para la defensa del continente; dando cumplimiento, así, a las estipulaciones fijadas en los Convenios Secretos para la Cooperación Militar entre nuestra República y los Estados Unidos.
En los meses de septiembre y octubre de 1946 tuvo lugar en Londres la reunión del Comité Preparatorio de la Conferencia Internacional sobre Expansión del Comercio y Empleo, a la que Cuba envió una delegación que logró la aprobación de un acuerdo según el cual se recomendaba establecer la obligación de que todos los países habrían de comprometerse a eliminar las condiciones envilecidas de trabajo y otorgar a los obreros la mayor suma de beneficios sociales.
Al mantener esta tesis, concordante con el programa de acción social que desde los primeros momentos inició el Gobierno de nuestro país, Cuba buscaba la forma de resguardarse, en el mercado internacional del azúcar, de la competencia que pudieran hacerle productores con salarios envilecidos.
En esta Conferencia, y también por gestión de Cuba, se logró que los países participantes reconocieran la necesidad de insertar en la Carta de la Organización Internacional de Comercio el principio de que el desenvolvimiento progresivo de los recursos económicos de todas las naciones del mundo no sólo es deseable en sí mismo como un medio de elevar las condiciones de vida en determinado país, sino también como vehículo de expansión del comercio internacional, para beneficio de todos los países interesados en el mismo.
Dos puntos fundamentales de nuestra novel política exterior pueden destacarse en la etapa de Gobierno del doctor Grau: la “Doctrina Contra la Agresión Económica” y el “Salario de Subsistencia”, llevado este último como moción cubana a la Conferencia de Nutrición y Alimentación celebrada en Montevideo.
La primera doctrina procuraba eliminar, como medida de seguridad y paz continentales, cualquiera agresión de tipo económico, se aprobó en la IX Conferencia Internacional Americana de Bogotá, consolidándose el criterio jurídico de Cuba que, sobre esta materia, había ensayado sin resultado la delegación cubana asistente a la Reunión Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente, de Río de Janeiro, el año anterior.
El Salario de Subsistencia fue también otro ensayo afortunado en la política exterior cubana, en el orden económico. Por esta nueva modalidad se recomendaba, a los distintos gobiernos, promover todas las medidas de carácter económico, así como cualesquiera otras que fueran adecuadas y posibles de realizar, tales como el establecimiento del salario integral de subsistencia, con objeto de cubrir las necesidades biológicas y sociales del hombre en todos los sectores de la economía nacional
Esta medida surgió como resultado de las vastas experiencias logradas en el campo social para a elevar el “standard” de vida del trabajador, tanto manual como intelectual, en todos los países, basándose en razones y fundamentos jurídicos que habían sido reconocidos en otras reuniones internacionales.
Por ella se tiende a eliminar el llamado “salario mínimo”, para sustituirlo por el “salario de subsistencia”, nueva concepción económico- social; pues el Estado que mantenga o tolere jornales de miseria puede facilitar la creación de ambientes o climas propicios a políticas extremistas, de peligrosidad para los regímenes democráticos, según dicho concepto.
En el orden económico, significó también un notable triunfo cubano la celebración, en nuestra capital, de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Empleo, que determinó la aprobación y firma, en 24 de marzo de 1948, de la denominada “Carta de La Habana”, después de una conferencia que se prolongó por varios meses.
Fue La Habana, también, sede de la reunión de la CEPAL, o sea, de la Comisión Económica para la América Latina, creada por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.
Cuba logró en esta reunión continental el reconocimiento de importantes mociones sobre el desarrollo económico de la América latina, que ratificaron una vez más lo acertado de la política social auténtica.
Igualmente participó Cuba en la Reunión de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO), celebrada en Washington, donde se trató fundamentalmente sobre los llamados “productos escasos”.
Ya en este período, la República de Cuba ostentaba, como miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un cargo de miembro no Permanente del Consejo de Seguridad de ese organismo.
Debido a ello, el Gobierno había desligado esta representación de la Embajada en Washington, designando al efecto un Embajador Especial ante la ONU y otro ante la Organización de los Estados Americanos (OEA).
El otorgamiento del Derecho de Asilo, en la Embajada de Cuba en Perú, a dos prominentes personalidades de dicha nación, ambos ex presidentes de la Cámara de Diputados de la misma; y la negativa de aquel Gobierno a facilitar los salvoconductos para la salida del territorio peruano a los políticos asilados, originó un grave planteamiento. El Gobierno de Cuba mantuvo, con firmeza característica en este tipo de procedimiento, que la calificación del delito corresponde a la nación que asila, de acuerdo con los Convenios de La Habana y de Montevideo y con la práctica internacional. Este principio fue llevado a la Comisión Inter americana de Paz y más tarde a la Corte de Justicia Internacional de La Haya donde triunfó la tesis sustentada por Cuba.
El caso específico de Haya de la Torre, líder del Aprismo, refugiado en la Embajada de Colombia en el Perú tras la sublevación de El Callao, fue otro triunfo más de Cuba en el orden internacional; al reconocer la Corte Internacional de Justicia el derecho de Cuba a intervenir en la polémica entre Perú y Colombia sobre el derecho de asilo y defender la mencionada tesis que le ha sido tradicional.
Por acuerdo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), se confirió a Cuba el honor de ser elegida para instalar en La Habana el Centro Regional de dicha organización, permitiéndosele así cooperar , más estrechamente en las manifestaciones de la cultura universal.
Otro acontecimiento de importancia para Cuba fue la celebración, en La Habana, de las reuniones efectuadas por la Comisión Americana de Territorios Dependientes, encaminadas a suprimir el coloniaje en América y a propiciar soluciones de las discrepancias existentes entre algunas Repúblicas americanas y naciones extracontinentales por la ocupación de territorios americanos.
Cuba tuvo la ocasión de dejar definida una vez más, en esta reunión, su posición tradicional contra todo sistema colonial y el derecho que tienen los pueblos para que se les ofrezcan las oportunidades de manifestarse, expresa y libremente, a fin de decidir sobre sus propios destinos.
Como muestra de su adhesión al principio de la evolución pacífica y democrática de los territorios y pueblos dependientes, el Gobierno de Cuba procedió a reconocer a los tres Estados Asociados de la Indochina Francesa, a saber: Vietnam, Cambodia y Laos, reafirmando su política de apoyo a las tendencias democráticas, de las cuales los Estados de Indochina constituyen un baluarte y dando una nueva prueba de su decidida actitud anticolonialista.
Igualmente, en el problema chino, Cuba mantuvo en el Consejo de Seguridad de la ONU su posición tradicional al no propiciar oportunidades a la extensión de la influencia totalitaria y al manifestar su oposición a la suplantación por la fuerza de regímenes legalmente constituidos.
Manteniendo su política de respeto a los convenios y de activa colaboración internacional, Cuba reconoció aquellos gobiernos que se desarrollaron en un plano de sentimientos democráticos y de respeto a los compromisos internacionales.
La tesis cubana, en el sentido de que el fortalecimiento de las instituciones democráticas (que traería como consecuencia la supresión de corrientes de exilados) habría de ser el medio mejor para terminar con las perturbaciones en América y específicamente en la Zona del Caribe, fue recogida por el Órgano Provisional de Consulta y llevada a una recomendación específica.
Así, pues, los asuntos que eran objeto de examen por parte de los Gobiernos de Cuba y de la República Dominicana dieron lugar, en virtud de una instancia de este último país, a la aplicación del Tratado de Asistencia de Río de Janeiro; constituyéndose el Consejo de la Organización de los Estados Americanos en Órgano Provisional de Consulta y nombrándose una comisión investigadora.
Al ser examinado el informe rendido por dicha comisión, en Washington, concurrió personalmente el Ministro de Estado cubano para exponer los puntos de vista que sustentaba nuestro Gobierno; y como resultado de los mismos, el Órgano Provisional de Consulta reconoció la responsabilidad directa de la República Dominicana en las perturbaciones del Caribe e hizo incluir una referencia a dicha responsabilidad en el texto de las resoluciones definitivas que fueron adoptadas.
En la IV Reunión de Cancilleres, celebrada en Washington, la República obtuvo un triunfo de primordial trascendencia para el fortalecimiento de la democracia en el Continente, al lograr la aprobación de una resolución presentada por la delegación cubana, intitulada “Fortalecimiento y Ejercicio Efectivo de la Democracia”, en el que, por primera vez en una reunión internacional, se llegó al acuerdo de llevar a una convención aquellos principios según los cuales la seguridad interna de nuestros países tiene por base la confianza y el respaldo que los pueblos den a sus respectivos gobiernos, lo cual no podrá lograrse mientras no exista en cada país un sistema efectivo de democracia representativa que ponga en práctica los derechos y deberes del hombre y la justicia social.
Insistiendo en sus doctrinas tradicionales, el Gobierno cubano logró la aprobación, en la reunión de Río de Janeiro, y por el Comité Jurídico Interamericano, de que en el reconocimiento de los Gobiernos establecidos por la fuerza se tuviese en cuenta la garantía que ofrecieran estos regímenes a los derechos de la persona humana.
En el aspecto económico, la política internacional de Cuba tuvo como objetivo fundamental el progreso de la economía-nacional, protegiendo y estabilizando los sectores agrícolas e industriales.
Todo esto ajustado a los principios sociales y lineamientos económicos del Autenticismo, que a través de sus rectores declaró siempre que todo desarrollo de orden económico debía ir aparejado a un progreso social, es decir, al mantenimiento y la elevación, justos y adecuados, de los niveles de vida de los trabajadores.
Bajo esta orientación, la Cancillería cubana mantuvo en todo momento una serie de negociaciones encaminadas a garantizar la venta más beneficiosa de nuestro producto básico: el azúcar; asegurándole mercados, tanto en los Estados Unidos como en Europa, donde se lograron algunas negociaciones importantes, al firmarse convenios o arreglos comerciales con la Gran Bretaña, Alemania y otros países.
Tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 fue designado para ocupar el Ministerio de Estado el doctor Miguel Ángel de la Campa.
Durante su gestión se formaron acuerdos comerciales con Chile, mejorando nuestras posibilidades de exportación de azúcar y tabaco. Con el Gobierno de España se acordó un nuevo Régimen de Pagos, cuyos resultados derivaron en el incremento de las exportaciones de tabaco torcido a dicho país. También se formalizó con el Gobierno de Francia un acuerdo relativo a ventas de azúcar, bajo condiciones crediticias favorables.
También se llegó a un acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, en la cuestión de las importaciones de arroz procedentes de dicha nación, que desde hacía tiempo venía afrontando dificultades; se celebraron conversaciones con la Misión Japonesa de Buena Voluntad y Comercio, que visitó la Isla, obteniéndose como resultado un intercambio de notas en el que se sentaron las bases para la concertación de un tratado de comercio, con el fin de incrementar en el futuro las relaciones comerciales recíprocas.
En 1959, tras el triunfo de la Revolución Cubana, el Ministerio fue abolido y se creó el 23 de diciembre de ese año el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Ministros de Estado de la República de Cuba
Foto
Nombre
Comienzo en el cargo

Carlos de Zaldo y Beurmann
20 de mayo de 1902

Carlos Ortiz Coffigny
16 de agosto de 1904

Juan Francisco O´Farrill Chapottin
6 de marzo de 1905

Justo García Vélez
28 de enero de 1909

Manuel Sanguily Garrite
22 de enero de 1910

Cosme de la Torriente Peraza
20 de mayo de 1913

Pablo Desvernine Galdós
10 de enero de 1914

Rafael Montoro Valdés
20 de mayo de 1921

Carlos Manuel de Céspedes y Quesada
17 de junio de 1922

Rafael Martínez Ortiz
18 de noviembre de 1926

Francisco María Hernández Hernández
31 de diciembre de 1930

José Clemente Vivanco Hernández
6 de mayo de 1931

Orestes Ferrara Marino
1ro de abril de 1932

Carlos Manuel de Céspedes y Quesada
12 de agosto de 1933

Guillermo Portela Moller
9 de septiembre de 1933

Manuel Márquez Sterling Loret de Mola
13 de septiembre de 1933

Cosme de la Torriente Peraza
20 de enero de 1934

José Barnet y Vinageras
26 de febrero de 1935

José Manuel Cortina García
20 de mayo de 1936

Rafael Montalvo Morales
24 de diciembre de 1936

Juan Remos Rubio
1ro de marzo de 1937

Miguel Ángel de la Campa Caraveda
10 de junio de 1939

José Manuel Cortina García
10 de octubre de 1940

José Agustín Martínez Viademonte
18 de agosto de 1942

Emeterio Santovenia Echaide
9 de marzo de 1943

Jorge Mañach Robato
7 de marzo de 1944

Gustavo Cuervo Rubio
10 de octubre de 1944

Alberto Inocente Álvarez Cabrera
12 de octubre de 1945

Ángel Solana García
30 de abril de 1947

Rafael Pérez González Muñoz
13 de mayo de 1947

Carlos Hevia y Reyes Gavilán
10 de octubre de 1948

Ernesto Dihigo y López Trigo
7 de febrero de 1950

Miguel Ángel de la Campa Caraveda
7 de mayo de 1951

Oscar Gans Martínez
30 de agosto de 1951

Aureliano Sánchez Arango
2 de octubre de 1951

Miguel Ángel de la Campa Caraveda
10 de marzo de 1952

Andrés Domingo Morales del Castillo
1955

Carlos Saladrigas Zayas
1955

Gonzalo Güell y Morales de los Ríos
1956

Roberto Daniel Agramonte Pichardo
1959
Ministros de Relaciones Exteriores
Foto
Nombre
Comienzo en el cargo

Raúl Roa García
1959

Isidoro Malmierca Peoli
1976

Roberto Robaina González
1993

Felipe Pérez Roque
1999

Bruno Rodríguez Parrilla
2009


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Oficinas del Primer Ministro – Órganos de la República de Cuba


Antigua residencia del presidente José Miguel Gómez en el
Paseo del Prado, donde luego radicarían las
oficinas del Primer Ministro
Desde el surgimiento de la República el régimen de Gobierno fue presidencialista, por lo que el Primer Mandatario de la Nación se hacía el máximo y único responsable de los actos enjuiciables del Poder Ejecutivo.
En la Convención Constituyente de 1940 fue contemplado el hecho de que tal poder en manos del presidente provocaba en el mismo no sólo desgaste político, sino también cierta propensión a actuar de forma autoritaria. Por esa razón en la Asamblea se decidió establecer un nuevo régimen introduciendo en Cuba la experiencia de un sistema semiparlamentario o de parlamentarismo restringido y crear el cargo de Primer Ministro.
Éste ejercería funciones ejecutivas capitales. Mientras el Presidente tendría la significación primordial de poder unificador y armónico y de enlace unitario entre todas las tendencias del país, el Primer Ministro dirigiría el gabinete.

Sin embargo, en la práctica, este sistema no funcionó en la República. Sobre todo porque los tres presidentes democráticamente electos entres 1940 y 1952 (Batista, Grau y Prío), eran personalidades cimeras en la vida política y nacional y ninguno de los tres cedió cuotas de poder o se permitió quedar relegado a un plano secundario, ejerciendo de hecho un presidencialismo abierto. De esa forma el semiparlamentarismo que preconizó la Constitución de 1940 fue, en resumidas cuentas, como otras tantas buenas intenciones de esa Carta Magna, letra muerta.
El sistema se inauguró el 10 de octubre de 1940, y fue, sobre la marcha que se fueron atribuyendo funciones al Primer Ministro de Gobierno.
Tras producirse el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, Fulgencio Batista se convirtió en Primer Ministro, antes de ser Presidente provisional y luego presidente. Durante todo su mandato continuó siendo éste un puesto casi decorativo, más aún por la forma casi unipersonal en que Batista dirigió el país.
En enero de 1959 la Revolución triunfante restauró el cargo de Primer Ministro, ahora sí como un contrapeso importante al Presidente de la República. El primero en ocupar la responsabilidad fue el Dr. Miró Cardona y, tras la renuncia de este en febrero, asumió el Comandante Fidel Castro, al que la Ley Fundamental de 1959 confirió más poder que al Presidente de la República.
Primer Ministro de Cuba (1940 – 1976)
Foto
Nombre
Asunción del cargo

Dr. Carlos Saladrigas Zayas
10 de octubre 1940

Dr. Ramón Zaydín Márquez
15 de agosto de 1942

Dr. Anselmo Alliegro Milá
15 de marzo de 1944

Dr. Félix Lancís Sánchez
10 de octubre de 1944

Dr. Carlos Prío Socarrás
13 de octubre de 1945

Dr. Raúl López del Castillo
1ro de mayo de 1947

Dr. Manuel Antonio de Varona
10 de octubre de 1948

Dr. Félix Lancís Sánchez
6 de octubre de 1950

Dr. Oscar Gans Martínez
1ro de octubre de 1951

Dr. Fulgencio Batista y Zaldívar
10 de marzo de 1952

Dr. Jorge García Montes
1955

Dr. Andrés Rivero Agüero
1957

Dr. Emilio Núñez Portuondo
1958

Dr. Gonzalo Güell Morales de los Ríos
1958

Dr. José Miró Cardona
5 de enero de 1959

Dr. Fidel Castro Ruz
16 de febrero de 1959


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Secretaría de la Presidencia – Órganos de la República de Cuba


Palacio Presidencial de Cuba

La Secretaría de la Presidencia, desde que se instauró la Re­pública el 20 de mayo de 1902, fue, dentro del meca­nismo administrativo de la Nación, una de las dependencias más laboriosas y sobre la cual recayó un trabajo más intenso, de mayor responsabilidad y de menos brillo.

Por Decreto número 78 de fecha 12 de enero de 1909, del Gobierno Provisional norteamericano, fue promulgada la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, en la cual, por su artículo séptimo, sólo se autorizaba al Presidente a nombrar un Secretario particular, un Jefe de Administración de Tercera Clase, y el personal que figurara en el presupuesto anual. Por el artículo 32 de la expresada Ley, se crearon ocho Secretarías de Despacho en el siguiente orden: Justicia, Gobernación, Hacienda, Obras Públicas, Agri­cultura, Comercio y Trabajo, Instrucción Pública y Bellas Artes y Sa­nidad y Beneficencia.

La Secretaría de la Presidencia, como oficina administrativa, fue entonces omitida y poco después, por Decreto del Gobierno Provisional número 51, de 28 de enero de 1909, se dispuso que así se llamara la oficina de la Presidencia cuya creación había autorizado el ya expre­sado artículo siete de la Ley del Poder Ejecutivo y se amplió su personal al disponer que, además de los funcionarios mencionados en tal pre­cepto, integraran la Secretaría de la Presidencia los funcionarios y empleados que expresamente se citaban, aumentando su número a vein­tiuno y modificando, a ese solo efecto, la Ley de Presupuestos de 1908 a 1909.
Desde esa fecha, la Secretaría de la Presidencia fue cambiando su estructura a medida que en las sucesivas leyes de Presupuesto, se fue ampliando su capacidad, a tenor de la mayor importancia y número de asuntos a su cargo; y no fue hasta 1934, cuando por la Ley Constitucional de 3 de febrero de ese año, se comenzó a considerar al Secretario de la Presidencia como integrante del Consejo de Secretarios, en su doble función de Secretario de la Presidencia y del Consejo de Secretarios. Dicho precepto introdujo por primera vez en nuestra legislación los “Secretarios sin Cartera”, limitando su número a dos, cuando los creara el Consejo; y les confirió a todos sus miembros voz y voto.
La Constitución de 1940, en virtud del nuevo ordenamiento estatal que instituía, sustituyó la denominación de Secretarios del Despacho, por la de Ministros del Gobierno, dejando a la Ley la fijación de su número; y aunque el Secretario de la Presidencia continuó siéndolo, así como también del Consejo, se le asignó el encargo de extender las actas de sus acuerdos, así como la función específica de atender al despacho de los asuntos de la Presidencia de la República y del Consejo de Ministros; no confiriéndosele voz y voto, como tenía hasta esa fecha, pues aunque el Decreto número 2866 de fecha 10 de octubre de 1940, le otorgó la categoría de Ministro, ello fue sólo un carácter protocolar, a tal punto que, para desempeñar el cargo, se en­tendió que no eran exigibles los requisitos necesarios para ser Ministro.
La Ley Constitucional de 4 de abril del año 1952 conservó el mismo ordenamiento en cuanto a lo referido al Secretario o Ministro de la Pre­sidencia.
La Secretaría de la Presidencia estaba organizada de acuerdo con la Ley de Presupuestos vigente en la siguiente forma:
·         Oficinas del Secretario de la Presidencia
·         Oficinas del Secretario Particular
·         Jefatura de Despacho de la Secretaria de la Presidencia
Entre los múltiples asuntos que se despachaba en estas Oficinas se encontraban la recopilación de todos los datos recibidos de los dis­tintos Ministerios para la confección del mensaje que, dos veces por año, debía remitir al Congreso el Presidente de la Re­pública – dando cuenta de su gestión como representante del Poder Ejecutivo – y de la Memoria Anual.
Se ocupaba, además, de la distribución de toda la correspondencia y documentación recibida en dichas Oficinas; de los acuses de recibo y despacho de la correspondencia oficial que; or­denaba el archivo de toda la documentación que se conservaba en las Oficinas y llevaba un tarjetero en el cual constaban asentados incontables números de asuntos y multitud de expedientes de los más diversos temas.

Secretarios o Ministros de la Presidencia (1902 – 1958)
Foto
Nombre
Comienzo en el cargo

Dr. Jorge Alfredo Belt y Muñoz
20 de mayo de 1902

Dr. José Lorenzo Castellanos Perdomo
28 de enero de 1909

Dr. Dámaso Pasalodos Bouffartique
1ro de agosto de 1909

Dr. Ignacio Ramírez de Estenoz González
19 de agosto de 1911

Dr. Ramiro Cabrera y Bilbao Marcaida






Lic. Rafael Montoro Valdés
22 de febrero de 1913

20 de mayo de 1913

Dr. José Manuel Cortina García
20 de mayo de 1921

Sr. Luis Lecuona Casado
2 de enero de 1924

Dr. Viriato Gutiérrez Valladón
20 de mayo de 1925

Sr. Ricardo Herrera Guiral
13 de febrero de 1929

Dr. Ramiro Guerra Sánchez
5 de septiembre de 1932

Dr. Raúl de Cárdenas Echarte
14 de agosto de 1933

Dr. Ricardo Sarabasa Blanco
5 de septiembre de 1933

Dr. Ramiro Capablanca Graupera
12 de septiembre de 1933

Dr. Emeterio Santovenia Echaide
20 de enero de 1934

Dr. Agustín Acosta Bello
26 de junio de 1934

Dr. Andrés Domingo Morales del Castillo
5 de noviembre de 1935

Dr. Domingo Macías Navarro
20 de mayo de 1936

Dr. José Bringuier Laredo
24 de diciembre de 1936

Dr. Enrique Alonso Pujol
10 de mayo de 1939

Sr. Cristóbal Muñoz Valdés Gómez
23 de marzo de 1940

Dr. Aurelio Fernández Concheso
10 de octubre de 1940

Ing. Amadeo López Castro
2 de enero de 1941

Dr. Marino López Blanco
21 de junio de 1941

Dr. Andrés Domingo Morales del Castillo
7 de noviembre de 1941

Sr. Cristóbal Muñoz Valdés Gómez
5 de marzo de 1944

Dr. Julián de Solórzano Reanu
10 de octubre de 1944

Sr. Cristóbal Muñoz Valdés Gómez
7 de mayo de 1947

Dr. Orlando Puente Pérez
10 de octubre de 1948

Dr. Andrés Domingo Morales del Castillo

10 de marzo de 1952


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Balanza comercial de Cuba


Segunda Zafra presenta la balanza comercial de Cuba desde el momento en que se convirtió en República. En esta primera entrega se consignan los datos correspondientes a los años 1902 – 1944. Como es habitual en el blog las estadísticas se irán actualizando y completando posteriormente.
BALANZA COMERCIAL DE CUBA 1902 – 1944
AÑOS
EXPORTACIÓN (PESOS)
IMPORTACIÓN (PESOS)
A FAVOR
1902
64 330 000
60 585 000
3 745 000
1903
77 261 000
63 464 000
13 797 000
1904
89 013 000
77  028 000
11 985 000
1905
110 167 000
94 972 000
15 195 000
1906
103 914 000
98 019 000
5 895 000
1907
104 173 000
104 461 000
288 000
1908
94 603 000
85 218 000
9 385 000
1909
124 711 000
91 448 000
33 263 000
1910
150 824 000
103 676 000
47 148 000

1911
122 944 000
113 056 000
9 888 000
1912
172 977 000
123 202 000
49 775 000
1913
164 611 000
140 132 000
24 479 000
1914
174 041 000
118 202 000
55 839 000
1915
236 228 000
140 885 000
95 343 000
1916
321 790 000
215 962 000
105 828 000
1917
356 428 000
256 085 000
100 343 000
1918
408 442 000
294 632 000
113 810 000
1919
574 617 000
356 631 000
217 986 000
1920
794 042 000
557 017 000
237 025 000
1921
279 790 000
357 403 000
77 613 000
1922
327 651 000
180 303 000
147 348 000
1923
422 599 000
268 850 000
153 749 000
1924
434 865 000
289 831 000
145 034 000
1925
353 984 000
297 384 000
56 660 000
1926
301 709 000
260 827 000
40 883 000
1927
324 368 000
257 834 000
66 984 000
1928
278 070 000
212 817 000
65 253 000
1929
272 440 000
216 215 000
56 225 000
1930
167 411 000
162 452 000
4 959 000
1931
118 866 000
80 112 000
38 754 000
1932
  80 672 000
51 024 000
29 648 000
1933
  84 391 000
42 362 000
42 029 000
1934
107 746 000
73 418 000
34 328 000
1935
128 022 000
95 465 000
32 557 000
1936
154 847 000
103 215 000
51 632 000
1937
186 071 000
129 572 000
56 499 000
1938
142 678 000
106 007 000
36 671 000
1939
147 676 000
105 862 000
41 814 000
1940
127 288 000
103 860 000
23 428 000
1941
211 508 000
133 890 000
77 618 000
1942
182 375 000
146 738 000
35 637 000
1943
350 623 000
177 324 000
173 299 000
1944
427 058 000
208 648 000
218 410 000
Fuentes: Dirección General de Estadísticas del Ministerio de Hacienda


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¿Cuáles eran los principales partidos políticos de Cuba en 1952?


¿Qué partidos políticos cubanos debieron haberse enfrentado en las elecciones presidenciales de 1952 de no haber sucedido el golpe militar del 10 de marzo de ese año?
Segunda Zafra se los presenta:
Partido Revolucionario Cubano (Auténtico): Fundado por el Dr. Ramón Grau San Martín en 1934, era la principal fuerza política del país a pesar del desgaste político sufrido entre 1944 y 1952 que ejerció el poder en Cuba a través de los gobierno de Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás.
Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo): Fundado en 1947 por Eduardo Chibás, como un desprendimiento del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). En 1952 constituía el principal partido de la oposición, con amplias posibilidades de vencer en las elecciones presidenciales.
Partido Acción Unitaria: Fundado en 1949 por el expresidente de Cuba Fulgencio Batista y Zaldívar para el lanzamiento de su candidatura presidencial a las elecciones de 1952. Sus posibilidades de victoria electoral se consideraban prácticamente nulas.

Partido de la Cubanidad: Fundado por el expresidente de Cuba, Ramón Grau San Martín, tras su separación del Partido Revolucionario Cubano. No tenía posibilidades de victoria en las elecciones, pero su posible alianza con los principales partidos políticos se consideraba muy importante.

Partido Socialista Popular: El partido de los comunistas cubanos. Heredero directo del Partido Comunista de Cuba fundado en 1925. Concurría en solitario a las elecciones de 1952. Aunque sus posibilidades de victoria eran nulas, poseía gran influencia sobre amplios sectores obreros y sindicales.
Partido Liberal: Conservaba aún influencia sobre los sectores de la burguesía cubana que habían sido desplazados del poder por la Revolución de los Sargentos en 1933, pero su peso político se había ido diluyendo de forma sostenida durante las décadas de 1930 y 1940. Gobernó Cuba entre 1909 – 1913 con José Miguel Gómez y entre 1921 y 1933 con Alfredo Zayas y Gerardo Machado.

Partido Demócrata: Heredero directo del Partido Conservador que había gobernado a Cuba durante la presidencia del Mayor General Mario García Menocal. Al igual que el Partido Liberal su fuerza política se había ido diluyendo en las décadas de 1930 y 1940 ante las fuerzas políticas emergentes.


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¿Qué automóviles se vendían en Cuba? (… y cuántos)


Parking frente al Palacio Presidencial (1958)
Que hoy Cuba sea un gran museo rodante del automóvil se debe – además de a la inventiva criolla que es capaz de mantener en movimiento cualquier máquina – a la gran cantidad de autos que se importaron en Cuba durante la República, sobre todo durante la década de 1950.

Años
Unidades
1936
5 359
1937
7 284
1947
8 735
1948
11 494
1949
10 679
1950
13 719
1951
16 305
1952
17 721
1953
12 125
1954
10 941
1955
13 903
1956
12 586
1957
17 514
Venta de automóviles en Cuba por marcas (1936 – 1937)
Marcas de autos
1936
1937
Ford               
1081
1025
Chevrolet
1019
911
Chrysler y Plymounth
222
557
Buick
230
547
Dodge
294
392
Studebaker
252
201
Packard
100
131
Oldsmoville
40
120
Pontiac
18
118
Lincoln
8
71
Nash
73
62
Redland
40
Willy
70
36
Miscelánea
3
36
Cadillac
30
21
Terraplane
2
9
De Soto
4
8
La Salle
6
7
Hudson
20
7
Lancia
1
Auburn
2
G. Paige
21
Internacional
7
Total
3502
4300
Marcas de camiones
1936
1937
Chevrolet
750
1263
Ford
769
987
International
180
251
Dodge
74
209
Chriysles
17
138
Redland
39
Miscelánea
6
20
Mack
4
19
Buick
12
Diamond
11
Volvo
2
10
White
6
6
Pontiac
4
Federal
4
Willys
4
Broadway
4
3
GMC
3
2
Studebaker
5
2
Condor
1
Per. Shell – Mex
8
Oldsmobille
6
Standard Oil (Tank Cars)
21
Austin
1
Total
1857
2984

El cálculo aproximado del valor de los 17 514 automóviles vendidos en 1957 se estimaba en unos $45 000 000 (unos $2 569 por unidad). El mercado cubano estaba controlado casi por completo por los fabricantes norteamericanos y dentro de ellos particularmente por Chevrolet y Ford; lo que no impedía que en el país circularan y existieran agencias de marcas europeas y hasta japonesas como Toyota:

Venta de automóviles en Cuba por marcas (1957)
Fabricante
Unidades
%
Chevrolet
3 631
20.8
Ford
2 540
14.5
Dodge
1 259
7.2
Buick
1 238
7.1
Willys
993
5.7
Plymouth
873
5.0
Pontiac
804
4.6
Olsmobile
723
4.1
Ford (inglés)
678
3.9
Chrysler
496
2.8
De Soto
452
2.6
Mercury
436
2.5
Cadillac
371
2.1
VW
311
1.8
Opel
269
1.5
Hillman
262
1.5
Nash
202
1.2
Sinea
193
1.1
LandRover
193
1.1
Studebaker
183
1.0
Hudson
180
1.0
Toyota
154
0.9
Renauld
152
0.9
Mercedes Benz
130
0.7
Vauxhall
114
0.7
Isetta
86
0.5
Lincoln
82
0.5
Edsel
58
0.3
Singer
56
0.3
Messerschmidt
53
0.3
Ford (francés)
50
0.3
Austin
45
0.3
Standard
43
0.3
Ford (alemán)
42
0.3
Fiat
29
0.2
Morris
28
0.1
Packard
26
0.1
MG
17
0.1
Lloyd
13
0.1
Jaguar
11
0.1
Peugeot
6
0.0
Citroen
6
0.0
Porsche
4
0.0
Sumbeam
4
0.0
Otras marcas (1)
18
0.1
Total
17 514
100
(1) Comprende dos automóviles de las siguientes marcas: Triumph, Bedford, Roll Royce, Cimmer, Goliat, Imperial y uno de cada una de las siguientes: Crosley, Metropolitan,  Panhard, Alfa Romeo, Bentley y Borgward.
Es importante aclarar que, en de la anterior estadística, no se comprenden los automóviles de uso que se importaban por parte de otras entidades que no ostentaban la representación oficial de las marcas.
En cuanto a la inscripción de automóviles en la República, las estadísticas de las oficinas de la Dirección General de Impuestos de la Ley de Obras Públicas cerradas en 31 de diciembre de 1957, acusaban un aumento de los automóviles particulares y de alquiler de 18 710 unidades en relación con la misma fecha de 1956, sin incluir dentro de éstos los automóviles que circulan por el país con chapa oficial, cuya cifra también se fue elevando en los últimos años de la década de 1950. El récord de la mencionada oficina del Impuesto de Obras Públicas ofrecen la siguiente estadística sobre la cantidad de automóviles existentes en Cuba durante la década de 1950:
Tipo de vehículo
1954
1955
1956
1957
1958
Automóviles particulares
83 445
98 317
106 592
125 309
136 490
Automóviles de alquiler
22 714
23 834
24 658
22 325
20 184
Bibliografía consultada:
Cuba Económica y Financiera. Enero de 1938. No. 142. Volumen XIII.

Cuba Económica y Financiera. Julio de 1958. No. 388. Volumen XXXIII. 


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¿Cuántos cubanos emigraban hacia Estados Unidos antes de 1959?


Es de todos conocido que después del triunfo de la Revolución Cubana de 1959 y, sobre todo, de las medidas económicas y políticas adoptadas por esta, se produjo un gran movimiento migratorio desde la Isla hacia los Estados Unidos. Sin embargo aún hoy se sabe poco sobre cómo se comportaba la emigración cubana hacia su próspero vecino del norte antes de esa fecha.
La gran mayoría ignora, por ejemplo, que Cuba no se encontraba incluida dentro de los países a los cuales Estados Unidos tenía asignadas las llamadas “cuotas de inmigración” que permitían un proceso legal y ordenado, y que muchos cubanos que decidían probar suerte en ese país debían hacerlo como inmigrantes ilegales.
Tampoco se comprende a cabalidad – porque las pasiones políticas a ambos lados han echado demasiada niebla en el asunto – por qué la emigración cubana hacia Estados Unidos había venido creciendo lenta, pero consistentemente a largo de la República y se había incluso incrementado de forma notable en la década de 1950.

Segunda Zafra no pretende, ni puede, dar respuesta definitiva a estas interrogantes, sólo invita a la reflexión en torno al fenómeno y para ello propone la lectura de un análisis contemporáneo al problema, publicado por la excelente revista Cuba Económica y Financiera en su No. 369, correspondiente a diciembre de 1956.
La emigración hacia Estados Unidos

Sigue evidenciándose el interés público en las cifras de los cubanos que han emigrado en los últimos años a los Estados Unidos, existiendo alguna disparidad entre las publicadas hasta ahora, según la procedencia del dato.

La información obtenida por esta Revista del “immigration and NaturalizationService”, de Washington DC, acusan, en el año fiscal que se venció en junio 30 del presente año de 1956 un aumento apreciable en el número de nativos, de Cuba que obtuvieron ese año el permiso de residencia permanente en los Estados Unidos, según la comparación estadística que se inserta a continuación basada datos en datos de la citada fuente oficial:

En junio 30
Nativos de Cuba admitidos en
Estados Unidos para residencia permanente
1945
2 172
1946
2 091
1947
2 989
1948
3 122
1949
2 677
1950
2 179
1951
1 893
1952
2 536
1953
3 509
1954
5 527
1955
9 294
1956
14 953

Nativos de Cuba que han obtenido la ciudadanía de Estados Unidos:

En el mencionado departamento oficial de Washington existen, además, las cifras de los que, después de cumplir los requisitos que se exigen, se hacen ciudadanos de los Estados Unidos. Es decir, que después de residir durante cinco años en aquel país, y de llenar una serie de documentos; certificaciones, juramentos y exámenes, etc., pueden obtener la ciudadanía, si bien se les autorizan determinadas ausencias del país durante períodos prudenciales, mediante la debida notificación y autorización.

Existen asimismo cuadros estadísticos de los nativos de Cuba que, tras residir en Estados Unidos el tiempo que marca la Ley, han solicitado y obtenido la ciudadanía, denominándoseles para los efectos legales “Naturalized United States Citizens”, derecho éste que se le otorga a los emigrantes de todos los países que han cumplido los requisitos de las leyes de inmigración.

El número de los natives de Cuba que durante los últimos a;os han solicitado y obtenido a ciudadanía en los Estados Unidos según cifras de Washington, es el siguiente:

En junio 30
Nativos de Cuba admitidos cómo ciudadanos
Naturalizados de Estados Unidos
1945
816
1946
715
1947
522
1948
545
1949
509
1950
718
1951
775
1952
817
1953
982
1954
1482
1955
1921
1956
1372

Conviene aclarar que ni en las estadísticas insertadas de los inmigrantes cubanos entrados en Estados Unidos con “Permiso de Permanencia” ni en el cuadro que antecede, referente a los que han sido admitidos como “Ciudadanos Naturalizados de Estados Unidos”, están comprendidas las personas no nacidas en Cuba, aunque hubiesen entrado en los Estacha Unidos con documentación cubana, ya que para la fijación de cuota de inmigración, se tiene en cuenta el país de nacimiento, no la ciudadanía o ciudadanías obtenidas.

Es sabido que los Estados Unidos tienen establecidas cuotas de inmigración para unos sesenta y seis países del mundo, las que representaron un total de inmigrantes en 1954 de 208177 personas, incluyendo los entrados de otros países sin cuota, entre los que se encuentran Canadá, México, Cuba, Haití, República Dominicana, Zona del Canal u otro país independiente del Centro o de Suramérica, pudiéndose estimar los entrados sin cuota en unos 54 000, ya que las cuotas de los países con limitación suman unas 154 600 personas.

Véanse a continuación las cuotas de inmigración que aparecen fijadas por los Estados Unidos, con especificación de las más elevadas, según datos oficiales:

Países
Cuota de inmigrantes
Gran Bretaña e Irlanda del Norte
65 381
Alemania
25 814
Irlanda
17 756
Polonia
6 488
Italia
5 645
Suecia
3 295
Holanda
3 136
Francia
3 069
Checoslovaquia
2 859
URSS
2 697
Noruega
2 364
55 países restantes
16 173
Cuota anual de inmigrantes
154 657

El total de estas cuotas está desde luego sujeto a deter¬minadas ampliaciones de emergencia, como sucede actual¬mente en el caso de Hungría que, pese a contar con una cuota de 865 personas, podrá contar con una autorización especial de 21 500 personas como inmigrantes con carácter de refugiados, debido al desplazamiento y a la crítica situa¬ción de enormes masas afectadas por el caos político de dicho país.

Como se ve, el gran poder de absorción de elementos laborales y de técnicos en los Estados Unidos, las posibilidades de ocupación y de bienestar estables y el elevado, estándar de vida de aquella nación, la han convertido desde hace muchos años en la meta de grandes contingentes ansiosos de un mejoramiento y de mayores oportunidades económicas y sociales.

La falta de una amplia diversificación agrícola y de fomentos industriales durante muchos años, ha venido produciendo una acumulación de brazos inactivos en Cuba que han tenido que orientarse hacia otros países, entre ellos Venezuela, causa ésta que tiene Cuba que ir subsanando para absorber las nuevas promociones de jóvenes aptos aunque es sabido que aun en el casos de regiones como las que aparecen en las cuotas de inmigración de Estados Unidos con grandes posibilidades de ocupación, habrán de siempre personas ansiosas de entrar en aquel país atraídas por las condiciones excepcionales para los hombres de ambición.
Fuente:
Cuba Económica y Financiera. Volumen XXXI, No. 369. Diciembre de 1956.


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¿Cuánto costaba la comida en Cuba?


Se hace particularmente difícil seguirle la pista al precio de los alimentos en Cuba pues la información generalmente aparece en forma fragmentada y dispersa entre múltiples fuentes. Por eso resulta muy interesante la tabla que les compartimos a continuación en Segunda Zafra, publicada por la excelente revista Cuba Económica y Financiera. En ella se puede observar el precio al detalle de los productos básicos que consumían los cubanos en su dieta entre los años de 1937 y 1951.
Artículo
Unidad
1937
1948
1949
1950
1951
Manteca
Lb
0.19
0.60
0.23
0.24
0.27
Aceite de maní
Lb
0.20
0.65
0.54
0.47
0.53
Aceite de soya
Lb
0.50
0.46
0.36
0.47
Aceite de oliva
Lb
0.35
1.40
0.90
0.72
0.70
Arroz
Lb
0.06
0.21
0.16
0.17
0.17
Pan
Lb
0.10
0.18
0.16
0.16
0.15
Harina de maíz
Lb
0.04
0.10
0.08
0.08
0.09
Frijol negro
Lb
0.04
0.35
0.15
0.12
0.15
Frijol colorado (largo)
Lb
0.09
0.20
0.16
0.15
0.19
Frijol colorado (corto)
Lb
0.10
0.22
0.18
0.17
0.21
Frijol blanco (judías)
Lb
0.08
0.19
0.16
0.13
0.14
Garbanzos
Lb
0.11
0.21
0.21
0.20
0.21
Carne de res (1ra)
Lb
0.14
0.40
0.36
0.36
0.36
Carne de res (2da)
Lb
0.10
0.32
0.28
0.28
0.28
Carne de puerco
Lb
0.20
0.55
0.46
0.50
0.60
Pollo (vivo)
Lb
0.20
0.65
0.65
0.65
0.60
Jamón (crudo)
Lb
0.37
1.35
1.20
1.17
1.20
Tocino
Lb
0.25
0.55
0.47
0.45
0.45
Leche de vaca
Litro
0.05
0.17
0.15
0.15
0.17
Leche condensada
Lata
0.11
0.24
0.20
0.20
0.20
Mantequilla
Lb
0.35
1.30
1.00
1.10
1.20
Huevos
Uno
0.03
0.06
0.06
0.06
0.06
Café molido
Lb
0.28
0.55
0.50
0.60
0.85
Azúcar refinada
Lb
0.04
0.10
0.09
0.09
0.09
Azúcar centrífuga
Lb
0.02
0.06
0.06
0.06
0.06
Cebollas
Lb
0.07
0.14
0.12
0.12
0.12
Papas
Lb
0.04
0.09
0.07
0.06
0.07
Boniato
Lb
0.02
0.05
0.05
0.05
0.05
Yuca
Lb
0.02
0.05
0.05
0.04
0.05
Malanga
Lb
0.03
0.06
0.07
0.06
0.08
Plátano (vianda)
Uno
0.02
0.05
0.05
0.06
0.04
Plátano (manzano)
Docena
0.05
0.15
0.14
0.15
0.14
Naranjas
Una
0.02
0.04
0.03
0.02
0.02
Bacalao
Lb
0.15
0.50
0.45
0.45
0.43
Cherna
Lb
0.10
0.40
0.30
0.30
0.28
Pargo
Lb
0.12
0.45
0.40
0.45
0.45

Fuente:
* Cuba Económica y Financiera. Enero 1952. No. 310. Vol. XXVII.


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La ley municipal de 1878 en Cuba


Mapa de Cuba (1895)

En Cuba la acción de los ayuntamientos hasta mediados de 1878 estuvo normada jurídicamente por las arcaicas y arbitrarias Ordenanzas de Alonso de Cáceres, con sólo ligeros cambios introducidos por algunos pocos capitanes generales a lo largo del siglo XIX que no alteraron para nada su esencia.

A pesar de que los cubanos demandaron mayor autonomía para los ayuntamientos – a los que llamaron la “(…) base de toda nacionalidad y palanca poderosa de bienestar y progreso” cuando la Junta de Información cabildeaba por España reformas para “la siempre fiel Isla de Cuba” – la metrópoli, siempre corta de miras y recelosa de cualquier libertad para su colonia por pequeña que fuera se negó en redondo. No sería hasta el Convenio del Zanjón, tras diez largos años de guerra, que España aceptaría cambiar la añeja estructura administrativa de Cuba e introducir reformas.

La ley municipal del 21 de junio de 1878 implantó en su colonia de Cuba una variante de la ley peninsular del 2 de octubre de 1877 y dejó establecido en la Isla el orden y los principios fundamentales que rigieron el régimen local cubano hasta mediados del siglo XX. En esta ley el municipio quedó conceptuado como una asociación legal de todas las personas que residían en un término territorial y cuya representación correspondía al Ayuntamiento.

Por esta ley los municipios quedaron bajo el control directo del Gobernador General que podía, si así lo deseaba, aprobar la creación, segregación o eliminación de estas entidades; nombrar sus autoridades fundamentales y determinar sus funciones – Estas amplias facultades serían utilizadas de forma arbitraria más de una vez para favorecer intereses particulares, y no sólo en la colonia. El Gobernador era, además, el único autorizado para transmitir las disposiciones del Gobierno que los ayuntamientos debían cumplir de acuerdo a las leyes.

El gobierno de los municipios estaba representado por un Ayuntamiento de carácter electivo el cual estaba compuesto por un alcalde y un grupo variable de concejales. Dicho ayuntamiento tenía entre sus prerrogativas:

1. Establecer y crear los servicios municipales para el arreglo y ornato de las vías públicas, la comodidad de los vecinos del término y el fomento de los intereses materiales y morales en el municipio. También debía velar por la seguridad de las personas y las propiedades.

2. Crear la policía urbana y rural para garantizar el orden y la vigilancia de los servicios municipales, el cuidado de las áreas públicas en general y la higiene y salubridad de los asentamientos.

3. Aprovechar cuidar y conservar todos los bienes públicos, muebles e inmuebles y la creación de todos los arbitrios e impuestos necesarios para la preservación de los servicios municipales.

Los ayuntamientos podían también establecer las ordenanzas que regirían la policía urbana o rural, nombrar sus agentes y empleados e imponer diversas multas a los infractores de las leyes municipales.

Quedaban fuera de su competencia otros asuntos como la formación o supresión de un término municipal, la beneficencia e instrucción y todo lo relativo a las podas y cortes de los montes municipales, acciones que para acometer debían contar con la aprobación de la máxima autoridad del gobierno de la Isla.

Los ingresos de los municipios cubanos se basaron, fundamentalmente en:

1. Las rentas y productos procedentes de los bienes, derechos o capitales que por cualquier concepto pertenecieran al municipio o los establecimientos de beneficencia, instrucción u otros que dependieran de la corporación.

2. Impuestos sobre servicios, obras e industrias que costeadas con los fondos municipales fueran de beneficio particular. Los arbitrios sobre las industrias sólo se aplicaban a aquellas que ejercían en la vía pública o en terrenos y propiedades del municipio. Las grandes industrias como el azúcar y el tabaco tributaban directamente al poder central (esto limitaba los ingresos de los municipios).

3. Donaciones de los vecinos para cubrir los servicios del municipio.

4. Impuestos especiales sobre los artículos de “comer, beber y arder”.

Desafortunadamente, la pobreza en bienes comunales de los ayuntamientos, las escasas instituciones de beneficencia e instrucción que estos controlaban y, sobre todo, la poca disposición de los vecinos más ricos a contribuir con los ayuntamientos, obligó a los municipios a hacer recaer la recaudación sobre el consumo de la población.

La escasez de ingresos también provocó grandes diferencias entre los municipios cubanos de mayor presupuesto y aquellos más pobres. Tanto fue así que, una vez perdida España su soberanía sobre la Isla, los interventores norteamericanos decidieron eliminar un número de éstos al considerarlos económicamente inviables.

El último censo elaborado por el Gobierno español en 1887 mostró la existencia en Cuba de un total de 132 municipios en las seis provincias del país, de ellos, el 66 % creados después de promulgada la ley de 1878. Estos eran:

Provincia Pinar del Río: Alonso Rojas (1879), Artemisa (1879), Bahía Honda (1860), Baja (1879), Cabañas (1878), Candelaria (1879), Cayajabos (1879), Consolación del Norte (1879), Consolación del Sur (1866), Guanajay (1856), Guane (1879), Guayabal (1879), Las Mangas (1879), Mantua (1866), Mariel (1866), Los Palacios (1879), Paso Real de San Diego (1866), Pinar del Río (1860), San Cristóbal (1858), San Diego de los Baños (1866), San Diego de Núñez (1879), San Juan y Martínez (1879), San Luis (1879), Santa Cruz de los Pinos (1879), Viñales (1879).

Provincia La Habana: Aguacate (1879), Alquízar (1879), Bainoa (1879), Batabanó (1879), Bauta (1879), Bejucal (1713), El Cano (1879), Casiguas (1879), Catalina (1879), Ceiba del Agua (1879), Guanabacoa (1659), Guara (1882), Güines (1815), Güira de Melena (1879), La Habana (1519), Isla de Pinos (1880), Jaruco (1783), Jibacoa (1879), Madruga (1866),  Managua (1879), Marianao (1879), Melena del Sur (1878), Nueva Paz (1866), Pipián (¿?), Quivicán (1878), Regla (1866), La Salud (1879), San Antonio de las Vegas (1879), San Antonio de los Baños (1795), San Antonio de Río Blanco (1879), San Felipe (1880), San José de las Lajas (1879), San Nicolás (1879), Santa María del Rosario (1733), Santiago de las Vegas (1745), Tapaste (1879), Vereda Nueva (1881).

Provincia Matanzas: Alfonso XII (¿?), Bolondrón (1879), Cabezas (1878), Canasí (1879), Cárdenas (1860), Cervantes (1879), Cimarrones (1879), Colón (1858), Cuevitas (1879), Guamacaro (1879), Guamutas (1879), Guanajayabo (1879), Jovellanos (1866), Lagunillas (1879), La Macagua (1879), Macuriges (1879), Matanzas (1694), Palmillas (1880), El Roque (1878), Sabanilla del Encomendador (1879), San José de los Ramos (1879), Santa Ana (1879), Unión de Reyes (1879).

Provincia Santa Clara: Los Abreus (1879), Amaro (1879), Caibarién (1879), Calabazar (1879), Camajuaní (1879), Camarones (¿?), Cartagena (1879), Ceja del Pablo (1879), Cienfuegos (1829), Las Cruces (1879), Esperanza (1879), Las Lajas (1879), Palmira (1879), Placetas (1879), Quemado de Güines (1879), Rancho Veloz (1879), Ranchuelo (1879), Remedios (1514), Rodas (1879), Sagua la Grande (1842), San Antonio de las Vueltas (1879), Sancti Spíritus (1514), San Diego del Valle (1879), San Juan de las Yeras (1879), Santa Clara (1690), Santo Domingo (1879), Trinidad (1514), Yaguajay (1879).

Provincia Puerto Príncipe: Ciego de Ávila (1877), Morón (1871), Nuevitas (1860), Puerto Príncipe (1514), Santa Cruz del Sur (1871).

Provincia Santiago de Cuba: Alto Songo (1879), Baracoa (1512), Bayamo (1513), El Caney (1629), El Cobre (1601), Guantánamo (1860), Holguín (1751), Gibara (1823), Jiguaní (1740), Manzanillo (1833), Mayarí (1878), Sagua de Tánamo (1879), Santiago de Cuba (1514), Victoria de las Tunas (1880).

Fuentes:

* Gaspe Álvarez, Latvia. La Colonia en los cimientos de la República (1899 – 1908). Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 2009.
* Secretaria de Estado y Gobernación. Datos acerca de la fundación de los pueblos, villas y ciudades y ayuntamientos de la Isla de Cuba. Imprenta Rambla y Bouza. La Habana. 1901.