Historia de Cuba

… nada hay más justo (…) que dejar en punto de verdad las cosas de la Historia. José Martí


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La visita del crucero Hai Chi a La Habana


El cruceri Hai Chi de la armada imperial de China entrando a la bahía habanera en 1911

En octubre de 1911 el crucero Hai Chi de la armada China hizo su entrada al puerto de La Habana en visita amistosa. Este hecho despertó una gran curiosidad entre la población cubana, fascinada de siempre con la cultura del Celeste Imperio y llenó de orgullo a la numerosa comunidad china residente en la Isla que por vez primera veía navegar un navío de guerra de su país en aguas de América.

China, en ese entonces un país semicolonial y atrasado, había sido derrotada por Japón en 1895, conflicto en el que había perdido casi todas sus unidades de superficie, por lo que, en el momento de la visita del crucero Hai Chi, contaba sólo con una pequeña escuadra para defender su enorme litoral. De ahí que destinar uno de sus cuatro buques más modernos para un periplo diplomático tuviese más significado, tanto para las autoridades de ese país como para sus ciudadanos. Sigue leyendo

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El Tarzán cubano


Ángel de la Torre, el “Tarzán cubano”
Durante la década del 40 del siglo pasado alcanzó gran celebridad en Cuba un personaje particularmente excéntrico llamado Ángel de la Torre que se internó en el bosque de La Habana para vivir al aire libre y de forma completamente natural.
En su aventura y afán de ganar fama (porque si hubiese sido otro su propósito se hubiese ido a la Ciénaga de Zapata o las montañas de Oriente), Ángel hizo cosas tan locas como lanzarse un clavado en el Almendares desde el puente de la calle 23; asegurándose antes, por supuesto, que su hazaña fuese atestiguada por un nutrido grupo de periodistas y admiradores, que también los tuvo.
Una noche, burló a las autoridades, tomó una canoa y tras remar río abajo se dirigió a La Habana bordeando el litoral para, finalmente, desembarcar frente al castillo de La Punta escasamente vestido con un taparrabos. Dada la alarma fue perseguido pertinazmente por la policía que no pudo alcanzarle, pues el moderno hombre feraz cruzó a toda carrera Malecón y en su plena encuerez fue a refugiarse en el local de una radioemisora que existía en Prado.
Burlando de nuevo a la policía reembarcó en su piragua y desandó lo antes remado para volver a su refugio del bosque de La Habana. Tras esta incursión piratesca en la villa de San Cristóbal la prensa comenzó a ponderar sus hazañas y creció la leyenda del Tarzán cubano. Las autoridades, ocupadas en cosas más importantes, tampoco le hicieron mucho caso al que consideraban un lunático inofensivo que sólo buscaba llamar la atención.

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