Historia de Cuba

… nada hay más justo (…) que dejar en punto de verdad las cosas de la Historia. José Martí


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El arroz que más gustaba en Cuba antes de 1959 era el de la marca El Chino, quizás por esa manía tan criolla de asociar a los del celeste imperio con el consumo del cereal, a pesar de que la costumbre isleña de comer arroz no nos llegó desde China – como erróneamente supone la mayoría – sino de los Estados Unidos.
Era El Chino un arroz popular porque poseía dos características muy agradables al gusto del cubano: su grano era largo y nunca quedaba “empegostado”. Lo mismo se podía adquirir de forma a granel en las bodegas que en paquetes herméticos de papel de una y tres libras.
Producido en Estados Unidos su distribuidor exclusivo en Cuba era Tous y Compañía SA un almacén de víveres sito en calle Pila No. 261 en La Habana, que representaba también a la manteca El Cochinito.
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Entrevista con Max Borges Jr el arquitecto del Gran Stadium del Cerro


Construcción del Gran Stadium del Cerro (hoy Estadio Latinoamericano)
Hace ya algunos años, desde que estudiaba en la Universidad de Harvard, en Boston, siempre pensé que la ciudad de La Habana necesitaba un stadium con una capacidad mínima de 30 000 personas y por lo tanto guardé todo lo que encontraba relacionado con este tipo de obra, visitando a mi regreso los stadiums del Noroeste de los Estados Unidos.
En un viaje por México y los Estados Unidos en en año 1944, visité estadios en Ciudad México, Los Ángeles, San Francisco, Chicago, el de la Universidad de Michigan la Arna Arbor, el de Georgia en Atlanta y varios otros.
En octubre de 1944 los señores Roberto Maduro y Miguel Suárez Jr., me pidieron informes sobre un stadium para 20 000 personas y entonces fue cuando, verdaderamente, se comenzó a trabajar.
¿Dónde se construirá? – Nos preguntábamos. Pensamos primero en el antiguo terreno de Almendares Park; después en los terrenos entre el puente de 23 y el de Pote, anexos al primero; después en la furnia o excavación que se encontraba en 23 y 22; más tarde en los terrenos entre Zapata y Calzada de Rancho Boyeros; después otra vez en los terrenos de Almendares Park. También pensamos en los terrenos donde habrá de quedar enclavado el stadium, pero en esa oportunidad nos informaron que estos pertenecían a ocho hermanos, de los cuales cuatro estaban fuera de Cuba y siendo imposible dar con ellos, se desistió de pensar en contar con ese terreno.
Mientras tanto se iban adelantando los planos que servirían en cualquiera de los mencionados terrenos ya que todos son planos.
Entonces se escogió, ya casi definitivamente, los terrenos del reparto Pontón, cerca de la antigua Arena Cristas y tuvieron que modificarse los planos por ser este terreno más pequeño que los demás mencionados. Afortunadamente no fue en este terreno el definitivo, pues no hubiese quedado espacio para una futura ampliación y nunca hubiera tenido mayor capacidad que para 22 000 personas y además sin espacios para parqueo.
Al no poder ponernos de acuerdo con los dueños de los terrenos del Pontón, volvimos a investigar la forma de dar con los mencionados ocho hermanos y se comprobó que la mayor parte de todo el terreno que allí se encontraba pertenecía al Convento de Santovenia. Nos fue fácil ponernos de acuerdo con las “monjitas” y entonces a modificar de nuevos los planos pues aquel terreno es verdaderamente una loma…
En Obras Públicas nos encontramos que tenían designado todo aquel terreno para construir la Ciudad Deportiva y por lo tanto, allí no se podía construir nada.
Sin embargo, gracias a la gestión del señor Ministro de Obras Públicas, Ing. José San Martín, quien desde el primer momento pensó que esta obra serviría de instrumento para sus proyectos y constituiría la primera piedra para la Ciudad Deportiva, nos facilitó lleno de entusiasmo su concurso, lo que nos ha permitido poder llevar a cabo esta gran obra.
Tomado de América Deportiva – 1946


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El Tarzán cubano


Ángel de la Torre, el “Tarzán cubano”
Durante la década del 40 del siglo pasado alcanzó gran celebridad en Cuba un personaje particularmente excéntrico llamado Ángel de la Torre que se internó en el bosque de La Habana para vivir al aire libre y de forma completamente natural.
En su aventura y afán de ganar fama (porque si hubiese sido otro su propósito se hubiese ido a la Ciénaga de Zapata o las montañas de Oriente), Ángel hizo cosas tan locas como lanzarse un clavado en el Almendares desde el puente de la calle 23; asegurándose antes, por supuesto, que su hazaña fuese atestiguada por un nutrido grupo de periodistas y admiradores, que también los tuvo.
Una noche, burló a las autoridades, tomó una canoa y tras remar río abajo se dirigió a La Habana bordeando el litoral para, finalmente, desembarcar frente al castillo de La Punta escasamente vestido con un taparrabos. Dada la alarma fue perseguido pertinazmente por la policía que no pudo alcanzarle, pues el moderno hombre feraz cruzó a toda carrera Malecón y en su plena encuerez fue a refugiarse en el local de una radioemisora que existía en Prado.
Burlando de nuevo a la policía reembarcó en su piragua y desandó lo antes remado para volver a su refugio del bosque de La Habana. Tras esta incursión piratesca en la villa de San Cristóbal la prensa comenzó a ponderar sus hazañas y creció la leyenda del Tarzán cubano. Las autoridades, ocupadas en cosas más importantes, tampoco le hicieron mucho caso al que consideraban un lunático inofensivo que sólo buscaba llamar la atención.

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